Comencemos de nuevo.
Retornemos a 1928. Ochenta años atrás.
Domingo Bisio está pensando en abrirse camino, mantener su familia y
buscando un lugar, le hablan de Argentina.
Domingo sueña con otros paisajes donde el día brille por el sol y la noche
no resplandezca con las luces de la guerra.
A Domingo no le abruman las grandes extensiones, las dilatadas praderas, los
enormes macizos, los horizontes sin límites. Y acepta el desafío.
Llega llevando en su mochila la carga del inmigrante y como carta de
presentación, su honestidad y la fuerza de sus sueños.
La Argentina lo recibe y la ciudad lo acoge. Sus vecinos fueron testigos del
trajinar de sus primeras carretas, camino hacia el puerto, cargadas con el
grano que llevaría comida a la misma tierra de donde provenía.
Rosario crece, crece su puerto, crece la novel empresa y también Américo y
Pedro, quienes sumaron sus travesuras trepados a las bolsas, acompañaron a
Domingo en sus viajes logrando quizás por momentos sentarse con él en el
mismo pescante para adueñarse de las riendas.
Crecieron bajo el cobijo de sus sueños y siguieron sus pasos llevando y
consolidando esas esperanzas.
Poco a poco los equinos pasaron a retiro y las explosiones de los motores
comenzaron a molestar la adormilada quietud del pueblo grande. Y se
animaron a más, divisaron otros puertos y hacia allí enviaron sus primeros
chasis Volvo y sus primeros Fiat.
En su expansión, la empresa amplía horizontes y pone pié en Buenos Aires
donde abre una oficina comercial y levanta un depósito para el descanso de
la mercadería en tránsito a la posterior distribución.
Al arribo de los nietos, esa trajinar cobra sus primeras víctimas: a Domingo
le sigue Américo, y a éste, Pedro. El puesto de batalla es ocupado por sus
hijos.
Así, a la experiencia y solidez de la segunda generación se le suma la
juventud y fuerza de la tercera.
Con Mario se acopla un nuevo ingrediente: el compromiso gremial con la
actividad, en la Asociación de Transportes de Cargas de Rosario y en
Fadeeac.
Y aparecen nuevamente los sueños de Domingo y con ellos, los horizontes sin
límites a los que no pudo llegar y que sí pueden hacerlo ahora los camiones
de su empresa. San Nicolás y Villa Mercedes son nuevas postas para ese
progreso.
Las cargas son tan variadas como sus destinos.
La patria ya no puede contener su paso y abre primero sus fronteras por el
norte.
Luego será el mismo MERCOSUR quien acepta su desarrollo como parte
integrante del desarrollo mismo de sus naciones.
Con la cuarta generación haciendo ingreso, los principios son los mismos y
no vemos un final que sea distinto a los sueños de aquél inmigrante soñador
que se atrevió a ofrecer su honestidad en unas manos extendidas, abiertas y
generosas al servicio de quienes confiaban en él.
Hoy, a ochenta años de aquel inicio, no obstante las dificultades nacidas
del devenir económico que supimos sobrellevar, también nosotros mantenemos
extendidas nuestras manos y en ellas ofrecemos también calidad humana y
excelencia en cada proceso de nuestra gestión.
Fue el sueño de nuestros mayores y será este el legado que habrán de llevar
quienes se atrevan a ser su transporte, siguiendo la misma y única ruta que
decidieron rodar quienes nos precedieron.
Hablamos de una familia, de un apellido, de una empresa con nombre y
apellido, que estampó su sello indeleble en el comercio de transporte de
cargas argentino.